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El fin del programa “La Noria” de Telecinco por falta de anunciantes; una opinión.




El programa de entretenimiento La Noria, que emite la cadena privada de televisión Telecinco y que presenta el periodista Jordi González, camina con paso firme hacia su desaparición, provocada por la carencia de anunciantes que ante consideraciones de tipo ético se han ido retirando de la franja publicitaria de este espacio televisivo. Fue a raíz de una entrevista realizada en el programa el pasado 29 de octubre (a la madre de Javier García Marín, alias “El Cuco”, uno de los implicados en la muerte de Marta del Castillo), cuando se puso en marcha una campaña en las redes sociales y una multitudinaria recogida de firmas pidiendo a las marcas anunciantes que abandonasen a La Noria como espacio comercial. Hasta ahí la narración resumida de los hechos.



En breve, si no cambian de parecer y modifican su estrategia los anunciantes, (puede incluso que sea este sábado el último programa que se emita), la cadena tendrá que sustituir el programa de La Noria por déficit en ingresos. No quiero entrar en criterios morales sobre la objetividad de estas empresas y quienes apoyan la retirada, pero si diré que España pasa por uno de los momentos económicos más difíciles que se han conocido nunca. Muchas familias lo están pasando muy mal y la tasa de desempleados es gigantesca, lo que me lleva sin atisbo de buscar populismo fácil a preguntar: ¿por qué no hacen esas Empresas tan importantes un gesto a favor de la mejora del país? Crear empleo para las personas que están en las listas del Servicio Público de Empleo Estatal, bajar precios para las familias con rentas mínimas, ayudar con verdaderos descuentos en los productos que comercializan a los empleados con salarios más bajos o ejecutar planes de conciliación laboral para los padres con hijos pequeños, reducción de la jornada laboral y modernización de los sistemas de producción, cumplir con estándares europeos en materia de seguridad y prevención de riesgos en el trabajo… Y mil medidas más, que también son morales, éticas y sobre todo más humanas y eficaces para un tiempo difícil.



Y sobre todo, no olvidemos que la justicia no la debe ejecutar el pueblo por mucha soberanía que en él resida pues existen tribunales, legislación y personal de la judicatura que se encargan de ello, que los criterios personales están realmente bien sobre todo cuando ayudamos a los demás cuando necesitan de nosotros. Que un país es grande y justo por el aporte de cada uno de sus ciudadanos, especialmente si cada uno de ellos hace de su vida un espacio de trabajo y convivencia en común sin el ánimo revanchista, aleccionador y profético de quienes se creen por un momento amparados por la justicia divina y en posesión absoluta de la verdad y la razón puras. Creo que todos conocemos casos cercanos para no lanzar la primera piedra, demos un paso adelante en la esfera que cada cual ocupa en la vida en la dirección de levantar España remando a favor y sin querer pasar facturas que no nos competen, creyéndonos libres y válidos para acometer causas impropias.


 

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